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Alicja Patey-Grabowska

Del padre [Kazimierz Grabowski] recibimos una única carta. Fue escrita el 26 de noviembre del año 1939 en Kozielsk y nos llegó unas semanas después. Mamá nos la leyó en repetidas ocasiones. Papá escribía que estaba vivo, que se sentía bien, que pensaba mucho en nosotros, que se preocupaba y nos echaba de menos. Nos declaraba el amor, besaba a Mamá en los pies... Pedía que no nos preocupáramos por él, ya que llegaría el momento en el que estaríamos de nuevo juntos...

Esta carta nos acompañó en los momentos más difíciles. Nos daba fe de que papá seguía vivo. Inclusive en la primavera de 1943, cuando los alemanes imprimían, después de la exhumación, las cartas de los oficiales polacos asesinados en el bosque de Katyñ por el NKWD, no creíamos completamente en su muerte [...]. Esta carta sobrevivió en el bolsillo de mamá la Insurrección de Varsovia y luego el desplazamiento forzado.

[...] En el año de 1948 mamá empezó a solicitar pensión por su marido muerto. Le dijeron que sí, efectivamente, le correspondía, pero tenía que traer la documentación adecuada. En un juzgado de Varsovia, en el barrio de Leszno, entregó lo que pudo, entre otras cosas los recuerdos más preciados para ella: la carta de Katyñ que había sobrevivido la Insurrección de Varsovia y su fotografía. Prometieron devolver todo en una semana. Al cabo de una semana le dijeron que volviera en quince días, luego que regresara en un mes, finalmente le aconsejaron que cerrara el pico. [...]. Las únicas reliquias que le quedaban de su marido, se habían perdido...

Nunca le fue concedida la pensión. En cambió, le entregaron un documento que rezaba que su marido había fallecido de manera natural el 9 de mayo de 1946, habiendo tenido cinco años de descanso en el trabajo, por ello la pensión no le correspondía.

T. Kaczorowska, Cuando estáis, duele menos... las vidas de los hijos de Katyñ, Gdynia 2003