En el cementerio de Pow±zki en Varsovia hay un monumento pequeño siempre lleno de flores y ramos frescos. El monumento es mudo. No lleva ningún texto, pero miles de nuestros compatriotas que lo visitan con flores saben muy bien para quien fue construido. Lo recuerdan con cariño, lo cuidan de manera permanente, lo visitan como si fuera tumba de sus familiares.
Ahora en el cementerio londinense de Gunnersbury hay uno parecido. Más grande y más vistoso, porque ya no se tiene que ocultar. [...] Tiene el texto que reza: "Katyñ 1940", ya ni siquiera habla, sino grita, grita a todo el mundo. [...] En el pequeño cementerio cupieron tan solo algunos miles de personas. Pero gracias a la televisión y a la prensa hubo muchos testigos más fuera de este país, y llegaron a todos lados las voces de vergüenza e indignación con respecto a las asombrosas demandas moscovitas y la pequeñez inesperada e innecesaria del gobierno de Labour Party. Debido a esta pequeñez los uniformes británicos brillaron por su ausencia en el cementerio, porque se prohibió a los oficiales asistir a la ceremonia oficial. No llegó ningún representante, por lo insignificativo que fuera, del gobierno. Sin embargo, afortunadamente, en el mundo libre, no faltaron las palabras de condenar y señalar a los responsables por el crimen y por no darle homenaje alguno.
Los órganos más importantes de la prensa británica imprimieron una fotografía del monumento en el que el texto "Katyñ 1940" reza claramente quién es el responsable.
También se ha definido el monumento como el "dedo que culpa" señalando a la Unión Soviética.
Londres, 15 de octubre de 1976
H. ¦wie¿awska, El obelisco que culpa, "My¶l Polska" [Pensamiento Polaco] no. 19-20, 1976